27/7/11

Dicen que es normal que le temas a lo que no conoces…Y efectivamente yo no conocía lo que tenía que ofrecerme el cambio que iba a tomar mi vida, y como siempre antes de pensar en positivo, pensé en el 99% de cosas malas que podrían sucederme…Quien me iba a decir que dentro de ese pequeño e insignificante 1% que le deje a las cosas buenas podría encontrar tantos buenos momentos.

Al principio no veía nada positivo pensé que había salido de un pozo, para volver a caer en otro más grande, pero la verdad es que me equivoque… No sé cómo ni cuándo paso exactamente, pero la verdad es que cuando me quise dar cuenta, ya no tenía pensamientos negativos, extrañamente sonreía, y si, la verdad es que era feliz. Todo cambio ya no me costaba salir de la cama por las mañanas y tampoco me levantaba temerosa de lo que me depararía el nuevo día,  porque tenía algo o alguien por lo que sonreír y lo más importante porque sabía que en el caso de que me costara sonreír, siempre habría alguien que conseguiría sacarme una sonrisa.

Porque en todo ese tiempo nunca me sentí ni sola, ni desplazada, ni incomoda, ni entristecida la mayor parte del tiempo… Porque siempre me encontré bien, porque si la vida es renovarse o morir yo me di cuenta de que antes de este cambio estaba “muerta” y que no solo me he renovado si no que he revivido con más fuerza y energía que nunca.

Y si, no ha sido todo un camino de rosas, no han sido todo risas, también he tenido mis días malos, mis días de bajón, pero el dolor como el amor son dos sentimientos inevitables en esta vida, puede intentar escapar de ellos sí, pero te aseguro que será inútil tarde o temprano te atraparan y cada vez que lo hagan lo harán con más fuerza.

Y bueno pensándolo bien, puede que durante este tiempo también haya cometido algunos errores…¿Pero sabes qué?. Que he aprendido algo de todos y cada uno de mis errores, pero que no me arrepiento de ninguno de ellos.

Poco más me queda por decir, solo puedo dar gracias y nunca serán las suficientes para agradecer todos y cada uno de los momentos que viví, porque todos y cada uno de ellos, tanto los malos como los buenos, fueron de alguna forma especiales para mí. Dar las gracias a esas personas que formaron parte de esta etapa en mi vida. Y sobre todo doy las gracias porque a pesar de estar sintiendo ese sabor agridulce que te dejan las despedidas, puedo mirar atrás y terminar siempre con una sonrisa en mi cara gracias a todo esos buenos recuerdos.


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